Martes, 04 de agosto
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Rada Tilly quedó marcado en nuestros corazones; lo llevamos en el alma

Raquel Scolnick trabajó como "Maestra Jardinera" en 1972 en Rada Tilly. En una charla con recuerdos y anécdotas evoca aquellos años.

El 28 de mayo se celebra en la Argentina el Día de los Jardines de Infantes, y día de la Maestra Jardinera. La fecha recuerda y rinde homenaje a Rosario Vera Peñaloza docente impulsora de los “Jardines de Infantes” en el país.

En ese marco, esta semana conversamos con Raquel Scolnick quien se desempeñó como Maestra del primer Jardín de Infantes de Rada Tilly . El espacio, originalmente se había creado en 1969 a instancias de la cooperadora de la Escuela 12  y vecinos de la villa. Funcionaba en las instalaciones de la institución; pero no fue sino hasta septiembre de 1970 que pasó a depender del Consejo Provincial de Educación.

Con una población estable de menos de 1000 habitantes, el aspecto de la villa dista mucho del actual “Hasta la 3era Avenida había casas, después no había nada y desde Rada Tilly a Comodoro por la Ruta 3 había muchos lugares sin ninguna edificación” recuerda la entrevistada, quien relata con emoción la profunda huella que significó para su vida su breve pero intenso paso por la localidad.

A sus jóvenes 19 años, y por razones laborales de su esposo, Raquel Scolnik se trasladó desde la ciudad de Buenos Aires a Rada Tilly. Corría el año 1972.

Con respecto al traslado a la Patagonia, y lo que significaba por esos años vivir en Patagonia, rememora “Para mi familia fue un golpe grande. Mi padre pensaba que iba a pasar mucho frio estaban preocupados…”  para rápidamente aclarar que “la verdad fue una de las mejores cosas que nos pasó en la vida. Llegar de Buenos Aires a Rada Tilly fue un gran cambio: de tener todo a mano, pasamos a un lugar muy solitario; pero tuvimos vecinos fantásticos que nos ayudaron mucho como la familia Olguín, enseguida nos hicimos amigos

La joven maestra, quería trabajar, por lo que ni bien estuvieron instalados en la vivienda de “la 1° Avenida” (hoy Avda. Piedrabuena) se acercó a la Escuela 12, “me contacté enseguida con la Directora de la escuela, para consultarle como tenía que hacer para inscribirme y cuando dije que era maestra jardinera recibida me dijo “mañana empezás; así que al otro día comencé a trabajar en la escuela como jardinera” recuerda.

Para referirse a esos primeros días y a cómo fue hacerse parte de la vida de los radatillenses rememora “Sentíamos que muchos vecinos estaban pendientes de nosotros, andábamos en un Citroën  y ya todos sabían que ese auto era el de la maestra jardinera. Fue un vida muy distinta, realmente la disfrutamos”.  

Con respecto al ejercicio docente, recuerda “La escuela sólo trabajaba a la tarde;  los grados no eran un aula por grado, 2°y 3° estaban juntos 4° y 5° también. Había un colectivo que pasaba una vez por hora y muchas veces, cuando el clima era adverso nos llevaba o nos traía a la escuela, tanto  a los alumnos y a los maestros”

Al evocar esos días expresa  “Tengo los mejores recuerdos. Mucho cariño de los padres, de los otros maestros…  Fue una experiencia hermosa, tenía chicos de 3,4 y 5 años mezclados no había sala para cada sección por edades… Serían aproximadamente unos 20 chicos….Pasaron casi 50 años, pero tengo fotos de esos alumnos e incluso una lista de ellos

Con respecto a su trabajo enfatiza: “Sentí siempre mucho acompañamiento, tanto de las autoridades de la escuela como de las otras maestras. La Directora de la escuela trató de equiparlo con lo mejor, la Sra. Kolomensky fue un gran apoyo. Los padres también,  desde lo mínimo hasta acompañarnos a dar una vuelta por el barrio. Las familias siempre estaban presentes….”

Entre las anécdotas que recuerda está el clásico paseo de los alumnos por el barrio: “Un día fuimos a una panadería y nos llevaron en una camioneta. Todos arriba del vehículo, sentados en la caja. Al finalizar, el panadero nos regaló un montón de pancitos y medialunas… volvimos  todos sentado en la camioneta comiendo;  “son esas experiencias maravillosas que las llevo en el corazón” apunta.

Con respecto a los alumnos, recuerda “había chicos de una clase social muy muy humilde y algunos muy necesitados y otros de clase media. Todos los niños eran muy cariñosos y muy tranquilos. Eran muy dulces, todo les llamaba la atención y se los veía muy imaginativos, era un placer trabajar con ellos”

Han pasado casi 50 años sin embargo, y a pesar de los muchos alumnos que pasaron por sus aulas recuerda algunos nombres de aquellos años en Rada Tilly: Gilda Olguín, Fernando Savoye, y también otro alumno a quien le decíamos “Liqui”. Un niño súper humilde y que en ese momento era mi adoración, sabía que me necesitaba mucho” –recuerda con entrañable voz.

 

Cuando reconstruye aquel Rada Tilly de 1972, rememora “Había una Estafeta Postal, que también estaba en la 1° Avenida (Piedrabuena) Era un negocio donde llegaban las cartas, pero no había teléfono.  Para hablar por teléfono había que ir a Comodoro. Cuando podíamos íbamos a llamar y a tener noticias frescas. Fueron años bastante especiales”

En aquella época, el ingreso a la villa no estaba pavimentado aún y recuerda que “apoyaba la mano en el parabrisas del auto para evitar que las piedras del ripio rompieran el vidrio. Era muy difícil” -expresa.

Con respecto a los desafíos del clima, y aquel “temor” familiar en relación con el frío dice “En invierno íbamos pisando escarcha cuando íbamos a la escuela”, y cierra con una sonrisa “Un día entré patinando a la escuela de tanto hielo acumulado

 

El paso de Raquel por la villa duró sólo un año; luego surgió una oportunidad de trabajo en Bahía Blanca. Y al rememorar ese momento dice sin dudar  “No teníamos ganas de irnos, no nos fuimos contentos”  para finalizar su relato dando detalles de las circunstancias que determinaron su partida: La llegada de un hijo y la posibilidad de tener a la familia más cerca.

Sin embargo, algo muy profundo se había gestado en ese nobel matrimonio durante su paso por Rada Tilly: “siempre pensamos qué hubiese sido de nosotros si nos quedábamos en Rada Tilly. Ahora mismo después de tantos años lo hablamos con mi marido… ¡que lastima que no nos quedamos! - dice con nostalgia. Tan fuerte ha sido su experiencia que con entusiasmo y orgullo expresa “Siempre les hablamos a mis hijos del lugar y dos de ellos tuvieron la posibilidad de ir”

Raquel continuó su labor docente y se jubiló en la ciudad de Buenos Aires, donde completó su carrera como maestra de aula y también al frente de jardines como directora.  Pero su experiencia “en el sur” quedó grabada a fuego.

Al finalizar la charla acota con una sonrisa “A los 25 años de casados (en el 2001) volvimos a Rada Tilly y encontramos que no conocíamos nada tantas casas, tanta gente…”  Durante ese viaje, incluso buscaron la casa donde habían vivido y se emocionaron de encontrarla “tal cual, un poco mas remozada pero casi igual” por eso, para reconfirmar su intención de volver afirma “de esto han pasado casi 25 años, cuando volvamos nuevamente no vamos a conocer nada”

Al finalizar nuestra charla, entre emociones y recuerdos, Raquel asevera: “Rada Tilly quedó marcado en nuestros corazones; lo llevamos en el alma”.

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