El descarte pesquero alteró la dieta de los lobos marinos y expuso la falta de control en el Mar Argentino
El biólogo e investigador del Cenpat Enrique Crespo explicó que las evaluaciones realizadas sobre el lobo marino común y el lobo fino evidenciaron una caída marcada en el consumo de merluza junto a un incremento sostenido en la ingesta de langostino y munida.
Cuatro décadas de arrojar sistemáticamente al mar especies sin valor comercial inmediato terminaron por modificar la conducta alimentaria de la fauna autóctona en las costas patagónicas. Un trabajo de investigación desarrollado durante los últimos veinticinco años en la zona norte del Golfo San Jorge confirmó que la disponibilidad constante de alimento descartado por las embarcaciones sustituyó las presas habituales de los mamíferos marinos por crustáceos en crecimiento.
El biólogo e investigador del Cenpat Enrique Crespo explicó en declaraciones a medios locales que las evaluaciones realizadas sobre el lobo marino común y el lobo fino evidenciaron una caída marcada en el consumo de merluza junto a un incremento sostenido en la ingesta de langostino y munida. El científico detalló que la región atraviesa un cambio ecosistémico gestado a lo largo de cuarenta años como producto de una práctica extractiva que devuelve al agua todo el material que no encaja en las exigencias del mercado comprador.
El impacto en la dieta animal y el desequilibrio poblacional
Esta abundancia artificial de materia orgánica arrojada desde la cubierta de las embarcaciones altera la vida en el fondo marino y opera en simultáneo como un factor de desequilibrio poblacional. La gaviota cocinera quintuplicó su cantidad de ejemplares en las últimas cuatro décadas al convertirse en la primera beneficiaria del descarte industrial, un fenómeno que derivó en ataques directos a la ballena franca austral y en serios problemas operativos para el tránsito aéreo en los aeropuertos patagónicos.
Los episodios de aparición de peces muertos en las playas de Puerto Madryn representan la manifestación visible en la costa de un problema que ocurre a diario en mar abierto. El registro reciente tras el ingreso de buques que buscaban refugio por las inclemencias del tiempo en Punta Cuevas pone en evidencia el manejo inadecuado de las capturas accidentales cerca del litoral, ya que la voluminosa cantidad de ejemplares hallados desestima de plano cualquier hipótesis de una pérdida fortuita.

Un pasivo de cientos de miles de toneladas
El volumen de material arrojado mantiene niveles alarmantes desde la década de los noventa, época en la que la apertura a flotas internacionales incrementó significativamente la extracción. Al dimensionar el daño ambiental, Crespo advirtió que los cálculos arrojan unas 300 mil toneladas de fauna acompañante tirada al mar todos los años, una cifra abrumadora que abarca diversas especies de peces óseos, tiburones, rayas e invertebrados que son devueltos sin vida al agua.
La falla estructural para contener este fenómeno radica en la ineficiencia de los sistemas de inspección a bordo y en la ausencia sistemática de sanciones efectivas a las empresas. A pesar de la existencia teórica de normas que prohíben expresamente el descarte, la fiscalización resulta completamente insuficiente y permite que la flota continúe arrojando los sobrantes por la borda sin someterse a controles estrictos en sus zonas de operaciones.
El reclamo ambiental frente al déficit de fiscalización
Desde la fundación Sin Azul No Hay Verde respaldaron las advertencias del sector científico y profundizaron el reclamo institucional. El coordinador de la organización, Juan Coustet, valoró la claridad aportada por los investigadores para desmitificar el impacto de esta práctica y remarcó que, aunque desde la industria se justifique que se trata de un residuo orgánico, el “volumen arrojado produce un desbalance que afecta de manera directa a todas las especies que no son el objetivo del comercio”.
El referente ambiental advirtió que los malos manejos del sector pesquero no solo impactan a través de la captura incidental, sino que modifican los comportamientos de alimentación y fomentan la proliferación de aves. En esa línea, Coustet apuntó contra las fallas del Estado al señalar que los controles y la fiscalización "brillan por su poca presencia o inclusive por su ausencia", marcando que se trata de un gran déficit a nivel nacional.
Apoyado en los datos revelados por el Cenpat, Coustet concluyó que resulta urgente solucionar y mejorar las prácticas extractivas porque el accionar sostenido de la flota está afectando a "un ecosistema entero".
Alternativas industriales frente al derroche
Frente a la pérdida sistemática de toneladas de materia prima, la alternativa técnica exige el diseño de una logística de recolección en navegación mediante embarcaciones de acopio destinadas a llevar el material a puerto. El investigador del Cenpat, Enrique Crespo, remarcó que el tema resulta sencillo de solucionar mediante herramientas que usualmente se ignoran en cuestiones ambientales, apuntando fundamentalmente a la educación y al desarrollo de esquemas de inversión para procesar esos bioproductos en harina de pescado o alimentos balanceados de alto valor nutricional.
La resolución definitiva de esta problemática demanda una firme decisión política para articular la tecnología existente con esquemas de financiamiento público y privado que obliguen al aprovechamiento en tierra de la totalidad de las capturas. La falta de un plan integral de fiscalización, independiente de las presiones corporativas, prolonga una dinámica que daña severamente los bienes marinos comunes y compromete el futuro de las especies en toda la Patagonia.
Fuente y fotos: ONG Sin Azul no hay Verde
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